viernes, 16 de noviembre de 2012

Que no les digan, que yo les cuento.

Blind Willie McTell


  Te levantaras de la batalla en la cual te viste envuelto el día anterior; miraras hacia atrás y ahí estarán tus amigos, sin ropa e inmóviles unos sobre otros. La prostituta cuyo nombre ahora no recuerdas tendrá su figura inerte en la mesa que ganaste con Chabelo. La  estrella de 6 picos que le pintaste con sangre el día anterior, se conservara fresca en su abdomen junto con miles de personas que no llegaron a fecundarse en su ser. Caminaras unos pasos hacia el baño donde el demonio "Pazuzu" abandonara tu cuerpo para postrarse en el azulejo del que alguna vez fuese un baño decente. No entenderás muy bien lo que ocurrió, solo tendrás flash backs de  encuentros con camaradas, abrazos, felicitaciones  y demás formalidades. 

Revisaras el reloj  de aquel muchacho en el suelo antes llamado José. Pasaran ya de las 8 de la mañana, así que decidirás salir de aquel cuarto que ahora aprisionara por siempre las almas de tus tres amigos. Una prostituta muerta (¿?) y un perro llamado Enrique se unirán a la masacre. Te moverás en un intento desesperado por salir de está imagen, iras a la cocina donde tu cara no sera otra que la de sorpresa, al encontrar  un vago sin pantalones consumando el acto con una mujer también desconocida. Sacaras la mano de tu bolsa y dejaras de agitar tus genitales.

 En el fondo aun se escuchara  “Blind Willie McTell” de Bob Dylan. Cada vez te acercas más a la puerta que te dará la libertad. Ahora es un niño que te llamara papá,  una vez más no recordaras haber tenido hijos, por lo menos no en los últimos tres años. Insistentemente el pequeño destrozara tus oídos pidiendo por favor levantar a su madre de un montón de basura.

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